El día que la muchacha pisó el pueblo llevaban a la virgencita en procesión. De pronto se sintió un ruido. Todos lloraron. La muchacha rió. La virgencita yacía quebrada en el piso. Mal augurio. Se escuchaba el rumor de los rosarios, rechinando entre los dedos nerviosos de los fieles. Mientras tanto, la muchacha agradecía el espectáculo y con una gran sonrisa saludaba aquella fabulosa bienvenida, caminando con paso firme y el rostro rozagante.
Ayer agarré la guitarra. Un amigo me recordó los efectos medicinales de la música. Me salió esto, que es mejorable pero por ahí va: MASCOTA No te confundas, no estoy domesticada. Me saqué el bozal, no me acaricies el lomo. No tengo dueño, no tengo amo. Me sacudo las garrapatas sin ayuda. No sé lo que es el amor, no me culpes, me curtieron a golpes. No puedo ser dócil, no. No puedo disimular la rabia. No te acerques, puedo ser peligrosa. No seré tu mascota con vestido rosa. No te dejes guiar por la apariencia. Vas a llevarte más de una sorpresa. No subestimes mi inteligencia. Caperucita se va a comer al lobo.

Buena apuesta la del tema, a la hora de introducirnos a la sensibilidad necesaria para poder comprender la narración (porque vamos, somos seres humanxs, entendemos más por la emoción que por otras cosas).
ResponderEliminarQue se rompan los yesos, que tanto nos hacen pesar, pues...
Lo que relato tiene mucho de literal, y muy poco de literario. Cuando llegué a Chile me enteré por la radio de que se había caído la virgen de una camioneta, que la llevaban en procesión, y que cuando la vieron TODOS LLORARON, dijeron en la radio, pero YO NO LLORÉ, REÍ ^_^
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